martes, marzo 1

Dos momentos



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Temía que la lluvia inundara la casa. Al terminar el breve rocío matinal con que iniciara marzo, los rayos de un sol nuevo y vigoroso delataron, en la panza de las tejas, nidos de arañas y otras bestias diminutas, con las cuales estábamos a punto de cumplir un año de convivencia.

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Mi padre no ha estado conmigo durante la mayor parte de mi existencia. Sin embargo, hemos convivido los momentos suficientes, y cada uno tiene su propia intensidad en mi memoria. Hoy llovió por la mañana. El aroma de la lluvia penetra en las ventanas del trabajo, el escritorio desde el cual escribo. Y lo recuerdo fuertemente, un olor a tierra húmeda y camino.